Leer en papel sigue siendo insustituible. Pero el reto hoy no es competir con las pantallas sino usarlas a nuestro favor.
Los padres que se preguntan cómo fomentar la lectura en sus hijos en un mundo de notificaciones, reels y videojuegos tienen razón en preocuparse. La lectura profunda —la que requiere sostener la atención durante veinte minutos sin interrupciones— está en retroceso entre los jóvenes de todo el mundo.
Pero hay buenas noticias: las familias donde los adultos leen —no solo donde hay libros en el librero— tienen hijos que leen más. El hábito se transmite por contagio, no por imposición.
Tres hábitos concretos
Leer en voz alta incluso con adolescentes, tener una hora sin pantallas antes de dormir, y dejar que el niño elija sus propios libros aunque no sean los que tú escogerías: estas tres prácticas tienen evidencia empírica que las respalda.
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